¿Eres un escogido de Dios para salvación?
Quizás esta sea la pregunta más importante que enfrentarás en toda tu vida. Permítenos mostrarte, desde la Biblia, cómo responderla.
Lo primero: Dios es Santo
Lo primero que necesitas saber y comprender es que Dios es Santo, y que nadie inmundo puede estar delante de Su presencia.
Y la Escritura es clara en cuanto a tu condición: todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.
Como has pecado, y practicas el pecado como forma de vida, no puedes estar delante de un Dios Santo.
Dios también es Justo
Necesitas saber también que Dios es Justo; por lo tanto, no tendrá por inocente al culpable. Dios, en Su justicia, derramará Su ira como un juicio al pecador.
Mientras permaneces en tu pecado sin arrepentimiento, estás acumulando ira para el día del juicio.
Como eres pecador, la Ira de Dios está sobre ti.
La justicia de Dios demanda un pago
Al ser Dios Justo, la justicia demandada por tu vida de pecados requiere un pago, que puede realizarse sólo de dos formas:
1) En forma personal. Al igual que el resto de la humanidad condenada, puedes pagar tus pecados recibiendo la ira justa y santa de Dios por toda la eternidad, al no ser hallado en el libro de la vida.
O bien, ese pago puede haber sido hecho por otro… Sigue leyendo.
No hay nadie bueno
Debes saber, además, que de entre todas las personas —incluyéndote— no hay nadie bueno, no hay nadie justo, no hay quien entienda, ni busque a Dios.
No existe ninguna buena obra que puedas hacer para ser agradable a Dios o merecedor de Su gracia. Él mismo dice que todas nuestras «justicias» son como trapos de inmundicia.
Y si crees que no eres pecador, contrástate con Su Ley: ¿Has mentido alguna vez? Eso te hace mentiroso (Éx 20:16). ¿Has robado? Eso te hace ladrón (Éx 20:15). ¿Has mirado a otra persona con codicia? Jesús dijo que ya cometiste adulterio en tu corazón (Mt 5:28). ¿Has odiado a alguien? La Palabra dice que eres homicida (1 Jn 3:15).
Si piensas que eres bueno, para Dios no lo eres, y has sido condenado.
Pero Dios, en amor, escogió
Si has comprendido hasta aquí que la ira de Dios está sobre ti porque eres pecador, entonces quizás puedas ser un escogido de Dios para salvación. Porque Dios escogió, antes de la fundación del mundo, de entre todos los hombres muertos espiritualmente y condenados, a una gran multitud para traerlos a Sí mismo como muestra de Su amor, para Su gloria.
La elección de Dios no se basó en méritos nuestros, sino en Su amor soberano.
Jesús pagó en tu lugar
Jesús, siendo Dios, tomó forma de siervo para recibir sobre Sí la ira de Dios Padre: el pago demandado por la justicia de todos aquellos pecadores condenados a quienes Dios amó y escogió desde antes de la fundación del mundo, para salvarlos y adoptarlos como Sus hijos.
Arrepiéntete y cree
Tus pecados pueden ser pagados por Jesús si, arrepintiéndote de ellos, crees en Él: en su muerte sustituta —donde Él tomó tu lugar— y en Su resurrección.
Es muy posible que seas un escogido de Dios para salvación
Si al leer esto Dios te ha hecho comprender que debes arrepentirte de tus pecados —y lo haces— y que debes creer en Jesús como aquel que por amor pagó lo que tú debías sólo por Su gracia —y lo crees—, entonces es muy posible que seas un escogido de Dios para salvación.
Con el tiempo podrás confirmar si has sido salvo, porque darás fruto de arrepentimiento y fe:
Te bautizarás como confesión pública de tu fe.
Crecerás en las Escrituras, perteneciendo a una iglesia bíblicamente sana.
Hablarás a otros de la Cruz de Cristo que te salvó, haciendo discípulos.
Obedecerás con gozo los mandamientos de Dios hasta el final de tus días.
No camines solo. Conversemos.
Si Dios está obrando en tu corazón, queremos acompañarte. Ven a conocernos este domingo, o escríbenos: con gusto te explicaremos más y oraremos contigo.